sábado 4 de julio de 2009

consulta 2

Víctor Bárcenas suele llegar a su hora a consulta. A pesar de ser la persona más impuntual que conoce, siempre llega un par de minutos antes al trabajo.
Hoy tocan veinticuatro horas de consultas en policlínica...bingo!.
-Consulta 2, lo siento pero te ha tocado -le dice la enfermera. La consulta 2 tiene fama de ser la de la mala suerte, pero Víctor no suele creer en esas leyendas urbanas (así le va)
Son las 9 de la mañana de un sábado cualquiera, y apenas hay pacientes en el área de urgencias.
Tras los correspondientes saludos y consabidos besitos (muack, muack...cuanto tiempo, se dicen, pero si no nos vemos hace un día), cada uno a su consulta, a su zulo, a su universo, un microhábitat con su flora y su fauna, sus olores y sus sabores, durante las próximas veinticuatro horas.
-crrreeekk -la puerta lo saluda con un chirrido.
Víctor se sienta frente a la pantalla de su ordenador. La médica de antes se ha ido dejando abierto el programa informático.
Antes de sentarse, recoge una lata de coca-cola (light) medio vacía, y un botellín de agua de la mesa.
Junto a la impresora recoge dos volantes de radiología y uno de analítica a medio rellenar, varios folletos publicitarios de los laboratorios una botella de agua de litro y medio y una pila (alcalina of course).
Del cajón de su mesa extrae cuidadosamente un bollicao mordido, un libro a sodokus y una lata de fanta vacía (de limón).

Del otro cajón saca un lubricante urológico(empezado y chorreante por supuesto), un plátano de color negro, un periódico de hace dos semanas y un bote de fluorisceína.
Del suelo recoge un boli (que no escribe) y un post-it en el cual se lee: Anemia micr...se ve que quien lo escribió sufrió un ataque de pánico antes de acabar el diagnóstico.

A Víctor le gusta empezar la consulta en un sitio limpio, ordenado y agradable. A pesar de ser la persona más desordenada del mundo, su consulta siempre está todo ordenada y limpia, a veces cree que es un poco obsesivo con ese tema (todos tenemos alguna neurosis más o menos oculta, que diría Freud...). Cinco minutos más tarde y después de cambiar la sábana arrugada a la camilla va a llamar al primer paciente, y entonces...
-Oye Víctor, que hay noticias -le dice un adjunto mayor- resulta que no estás en la consulta 2. Ha habido un error. Vas a observación.
Víctor mira el techo y respira tres veces seguidas.
-Vale, ya voy enterándome del rollo...-dice el joven médico pensando en las, al menos, cinco botellas de agua mineral medio vacías y etiquetadas con rotulador negro (Paqui, Pepi, Manolo, Luís, Lola...), que lo esperan sobre la mesa de observación para ser arrojadas a la basura.
Ya son veintitrés horas y diecisiete minutos para el final de la guardia...

viernes 3 de julio de 2009

CINCO SEGUNDOS

Y como estamos en verano, y en estas fechas (tan entrañables, jejeje) las teles reponen las series (Chanquete ha muertoooo...) los programas de cámara oculta, vídeos de primera con niños dándose ceporretazos (mis favoritos) vuelven a hacer furor y Ramón García volverá con su vaquilla, hoy voy a dedicarme a halagarme a mí mismo. Total, pensándolo bien, el blog es mío y como tal, incluso puedo colgar alguna que otra chorrada o post de autobombo.
Con este relato gané un concurso, fue el concurso de relatos de amor de la cadena Ser en Málaga. Vale, es verdad que suena un poco ñoñi, pero así son las cosas. Además...¿quién ha dicho que no tenemos derecho a sentirnos un poco tontorrones en estas fechas, de dejarnos ir, de dejarnos llevar, de cantar a todo pulmón las canciones maquineras (over the rainboooooooow! zum, zum zum) de la radio mientras conducimos (un amigo me tachó de friki por hacerlo, ¿soy el único?). En definititiva, en este verano tórrido (me encanta la palabra tórrido, suena así como a amores desgarrados) plagado de gripes A y cuernos al sol (perdón quería decir cuerpos), os dejo mi relato: cinco segundos...
...Cinco segundos, hoy sólo pido al destino eso, cinco segundos a su lado. Por ellos daría mi alma.
Aquella noche de viernes se parecía a otras tantas; cena, charlas, risas y local de copas con los amigos. Esa noche mi instinto de cazador de bellezas estaba en pleno despliegue, y cuando eso pasaba no solía irme solo a la cama.
Bailes, humo y copas...
La noche llegaba a su ecuador entre la niebla de los cigarrillos, más risas, más copas.
La vi apenas a dos metros de donde nos encontrábamos. -Quizás demasiado bajita -pensé-. Quizás demasiado delgada. Pero al girar su cabeza aquellos ojos me atraparon. Aquella mirada me traspasó como el rayo que destroza un junco, y noté como mi alma estallaba en mitad de toda aquella gente.
Más baile, más humo, más copas...
Pensé en recurrir a mis habituales armas de seducción, pero todas me parecieron inútiles. me dí cuenta de que me hallaba completamente desarmado ante aquellos ojos.
No la perdí de vista, pues desde ese instante supe que no podía perder la oportunidad, y en cuanto puede me acerqué a ella. Sólo miradas, y la conversación fluyó sola, sin prisas, sin miedos, como si nos conociéramos de siempre.
Su nombre: Adrienne, me trajo sabores de mares embravecidos y acantilados imposibles. Estudiaba derecho, y en pocos días volvería a París, su ciudad de origen. Hablaba un castellano horrible, pero encantador. Tras un rato, me supe presa de aquellos ojos desnudos, y estaba decidido a no dejar escapar aquella oportunidad, por ello le pedí su teléfono, y lo anoté en una servilleta de papel.
El resto de la noche voló...más bailes, más humo, más copas...y aquellos ojos.
Nos despedimos con las primeras luces del alba. Apenas me atreví a rozar sus labios, apenas sentí su perfume. Un adiós, hasta pronto, te llamaré, llámame, una última mirada...
No la volví a ver hasta ayer. Todo aquello que os cuento sucedió una noche de verano de 1965, hace cuarenta y tres años. Desgraciadamente perdí el papel con su número de teléfono.
Desde entonces, y por motivos de trabajo, he vuelto hasta en seis ocasiones a París. Y siempre dediqué una tarde a buscarla. Visité bares, teatros, cines. Incluso una mañana visité los Juzgados de la Madelaine buscando su cara. Nada.
Ayer la ví en una estrecha calleja de Montmartre. iba de la mano de otro hombre. Para el resto del mundo, dos ancianos paseando. Para mí algo más que una noche de copas, humo y baile…
Me acerque de frente y me fui aproximando a aquella pareja que caminaba con paso cansino. No pude evitar volver a perderme en sus ojos, hasta que al fin quedamos a apenas un metro de distancia. Nos miramos.
-Pourquoi? -me dijo-. Y siguieron andando.
Cinco segundos, le pido al destino sólo cinco segundos para explicarle a Adrienne lo que pasó, para decirle que siempre fui suyo. Por ello daría mi alma.

Salva
Playas de Nerja

martes 30 de junio de 2009

Una historia llena de peros....

Hoy voy a contar una de mis historias de amor… No me gusta hablar de historias de amor/odio, pues considero que no se debería odiar a quien algún día amaste. Pero todos los fumadores, de una u otra manera, hemos adorado y a la vez odiado a esta sustancia: el tabaco.
Vale, es tóxica. Es verdad que huele fatal, que provoca innumerables enfermedades y que es ciertamente asquerosilla a veces, pero…siempre hay un pero en las historias de amor. Pero es genial fumarse un cigarrillo cuando estás estresado, cuando te acabas de pelear con alguien, cuando estás de fiesta o simplemente cuando estás sentado en la playa mirando las olas.
Mi decisión de dejar el tabaco se basó fundamentalmente en una serie de factores, entre ellos la estética, la ética, el amor y la salud (eso será motivo de otro post). Fue una historia de amor que, aunque me duela reconocerlo, aún dura.
Lo dejé previamente en al menos cinco ocasiones y siempre caí de la misma forma, por fases, igual que las fases lunares:
Fase 1: Lostoy-dejando. Duración variable, entre 3 semanas y 18 meses. Te obsesionas en decirle a todo el mundo que no fumas. Las conversaciones con los amigos acaban girando en torno al tabaco y a lo contento que estás de no fumar (mentira podrida por supuesto). Sueñas un par de veces a la semana que fumas. Es una especie de sueño erótico, de esos en los que te despiertas con una mezcla de añoranza, culpabilidad y felicidad. Es relativamente fácil superar esta fase, pues te reconoces como fumador.
Fase 2: Por-uno-no-pasa-ná: Puesto que lo dejaste, no te importa probar uno. Un cigarrillo coincidiendo con una fiesta, bronca o momento agradable. Total, por uno no pasa nada, además ya lo he dejado. Pillas un colocón tal que dices: no vuelvo a fumar…qué asco de tabaco. Tres horas más tarde te has fumado cinco. Dos días más tarde vuelves a fumar como hacía tiempo no fumabas.
Fase 3: Yo-no-fumo. Fumas a diario, pero en la intimidad. Mejor dicho fumas cuando nadie te ve. Compras los cigarrillos sueltos o bien los pides para no comprar el paquete entero. Como si fumar de prestado fuera fumar-pero-no-cuenta. Corres el riesgo de convertierte en un gorrón y que la gente huya de los fumaderos a tu llegada (fumadero zona del trabajo donde se reúne la gente a fumar).
Fase 4: Soy-una-rata-almizclera: Terminas fumando en plan drogadicto. Fumas en los servicios, en los huecos entre paciente y paciente, en los huecos de las escaleras, en los sitios más insospechados. Hueles a tabaco, pero oficialmente sigues sin fumar. Inicialmente creí que yo era una especie de friki por fumar a escondidas. Realmente era el miedo, o la vergüenza de reconocer que no había sido capaz de dejarlo. Es una etapa muy frecuente. Luego lo he hablado con otra gente y resulta que a casi todos los fumadores les ha pasado y siempre nos negamos a reconocer esta etapa tan ruinosa.
Fase 5: A-tomar-por-saco: Ya nos han pillado tantas veces, que nos declaramos oficialmente fumadores, nos compramos el paquete y nos lo ventilamos alegremente, siempre con cierto sentimiento de culpa, pero (siempre los peros)…es tan agradable!
Finalmente, te quedan los parches de nicotina, los libros de autoayuda, los trucos caseros, pensar en lo que te ahorras, conocer alguien que se ha muerto de cáncer, el Champix, el Zyntabac, los chicles de nicotina, y la voluntad.
Yo no usé nada de eso, bueno usé la voluntad. Eso fue un mes de Octubre de 2006. Desde entonces han pasado más de dos años y hasta ahora sigo sin fumar. Apenas lo recuerdo una vez al mes, pero…hoy no fumaré. Mañana no lo sé, pero quería compartir mi experiencia por si a alguien ayuda.
PS: A veces me gustaría fumarme un cigarrillo, pero también me gustaría cobrar sin trabajar. Quizás es cuestión de elegir, como tantas cosas en nuestra vida
.

domingo 28 de junio de 2009

NEGRO

Apuró el último trago de ron con una sonrisa forzada. Las tres de la mañana era una hora horrible para pensar, sobre todo si mojas tus tranquilizantes en alcohol.
Fuera, la Luna se refleja en la gigantesca piscina del jardín. Siempre adoró a la Luna. Siempre...
En el enorme salón a oscuras, un solo cuerpo desnudo. El suyo. Abre la gran puerta corredera y sale al jardín. Frescor...y césped bajo sus pies. Piensa en todo lo que lleva recorrido, en los años de lucha. Piensa en los tiempos de éxitos y risas. Y se da cuenta de que todo ha pasado, de que ya no es quien era aunque lo intente; de que todo pasó. Y precisamente se ha dado cuenta hace apenas unas horas. Precisamente unos días antes de empezar una nueva vida, de empezar una nueva etapa en su profesión, un resurgir de las cenizas. Precisamente hoy...se da cuenta de que no le quedan fuerzas en su alma destrozada.
Ha oído antiguos discos de Van Morrison y Tom Waits y ha descubierto que está solo frente al mundo. Previamente abrió la tapa de su móvil y estuvo repasando los cientos de teléfonos de su agenda. Ninguno de ellos entenderían que él los llamara y simplemete les dijeraa: "ven que estoy sólo".
Acudirían algunos de ellos, forzados, interesados, o peor aún, movidos por el morbo vital que nos alimenta.
Por eso ha decidido volar. Y vuela mezclando unos somníferos con alcohol y algunas setas alucinógenas que guardaba en la mesita de noche.
Y entonces sale de su cuerpo, y las pesadillas de hienas apestosas pasan a ser mariposas de colores, y el dolor se convierte en risa, y el pudor en sensualidad de todo a cien. Se desnuda y baila bajo la luna, que ahora nota más cerca que nunca. Él lo sabe igual que todos. Baila mejor que nadie en el mundo.
Y entonces llega ese momento en el cual se encuentra al borde del acantilado de la vida. Ese momento de lucidez estúpida que te acude cuando tus neuronas se colapsan por el alcohol y las drogas. Y decide ceder, decide entregarlo todo y tomar las últimas quince cápsulas de Rohipnol.
Sonríe pensando en lo que deja. Sonríe porque sabe que nada deja...
Se sienta sobre el césped, besa a la madre tierra y se va durmiendo...
En un último gesto de supervivencia, y sin saber la causa, marca el número de la única persona que cree que podrá salvarle...55.5..5..6...6.....3.....6............2...
-Hello?.
-Hello doc, me encuentro muy mal, por favor ven.........a casa....-y cuelga.
Siete minutos más tarde Michael Jackson entra en parada respiratoria y fallece mientras su alma sueña volver a bailar de esa manera que nadie ha logrado imitar.
Descansa en PAZ.

miércoles 24 de junio de 2009

PSICO

Ring, ring...!!
-¿Dígame...?
-Aquí la Policía Local, ¿Hablo con el médico de Cerdenilla?
-No, yo sólo soy el resid...perdón, sí soy el Médico de Familia de Cerdenilla, bueno el sustituto, me llamo Bárcenas, Víctor Bárcenas.
-Mire le llamamos por Irene Suances, es paciente suya, ¿verdad?.
-Bueno, seguramente, porque soy el único médico del pueblo, pero, yo es que soy el sustit...-intenta excusarse el joven médico.
-Mire, esto es una urgencia. La Irene tiene una de sus crisis y está montando un lío tremendo. Parece que ha pegado a los niños y ahora quiere suicidarse. Tiene que venir inmediatamente.
-Pero es que...tengo gente en consulta, ¿no pueden llamar a una ambulancia? -dice Víctor que a punto está de decir ¿no pueden llamar a un médico de urgencias?. Él es el Médico de Urgencias. En Cerdenilla Él es El Médico.
-Mire -dice el policía- yo ya lo he llamao, haga usté lo que quiera, es su responsabilidá, ahora si la Irene se mata, luego no me venga con historias dostó.
Cinco minutos más tarde Víctor se presenta, maletín en mano acompañado de Alicia, la enfermera recién licenciada (este contrato en Cerdenilla siempre se lo dan a los recién acabados) y un celador conductor con más miedo que vergüenza.
En la puerta de la casa, una vivienda social con más años que las pirámides de Giza, los espera una pareja de la guardia civil y un policía municipal. Una anciana de luto llora junto a un Seat Panda rojo. Una vecina consuela a la anciana. Dos niños con mocos sentados en la acera. Uno de ellos tiene el ojo morado. Dos de la tarde y veinticinco minutos, cuarenta grados a la sombra. Bienvenidos a Cerdenilla de la Sierra.
-Es la Irene, otra vez se le ha ido la perola -le dice el poli local, al cual inmediatamente Víctor bautiza como Colombo por su aspecto estrambochulesco.
-Sí, entre, entre y verá el cipote que tiene montado -dice uno de los dos guardiaciviles (en los pueblos no se dice guardias civiles, sino guardiaciviles, Vïctor ignora la causa). Ambos miembros de la Benemérita tienen un extraordinario parecido con Pepe Gotera y Otilio.
Víctor intenta recordar todo lo aprendido en cuatro años de residencia y seis de carrera. Inmediatamente se da cuenta de que lo ha olvidado todo (le vienen a la cabeza cursos, fármacos, apuntes, clases, consejos...¿Haloperidol, Largactil, Sinogan, Tranxilium, Valium? ¿qué dosis, cómo, cuando? ¿Hay que llamar al juez?. Víctor oye su propio corazón...pum, pum, pum!!!
Se da cuenta de que todo el mundo lo mira, incluído el correspondiente coro de curiosos, vecinos y un par de turistas con pinta de alemanes (por las sandalias con calcetines son alemanes, cordobeses u holandeses) que no paran de hacer fotos...
-Usté dirá dostó -dice Pepe Gotera.
-Yo voy llamando al alcalde por si acaso -interrumpe Colombo.
-¡Si, y al cura y al maestro, no te jode, y si la cosa se anima, también llamamos a la banda municipal para que toque Paquito el Chocolatero! -piensa Víctor.
-Bueno Alicia, Jose -dice dirigiéndose a sus compañeros -vamos al ataque.
Entran en la casa. Silencio. Un pasillo con puertas cerradas a los lados. Un pasillo que recuerda a Víctor a los pasillos que a veces aparecen en los sueños. Al final, el salón. Huele a tabaco, huele a cerveza, huele a cocaína fumada, huele a polvo acumulado, huele a orina, huele a psicosis.
En el televisor el programa de Ana Rosa a todo volumen. Un canario muerto en una jaula, y varios gatos pululando por la habitación. En el sofá...Irene. La Irene
Irene, 37 años. Diagnosticada de esquizofrenia paranoide, vive sola con su madre, su pareja y sus dos hijos. Vive sola porque su enfermedad la aísla del mundo.
-Hola, soy Víctor, el médico...
-Tú lo que eres es un cabrón hijo de puta. ¿vienes a ingresarme?
-Vengo a hablar contigo, ¿podemos? - Víctor empieza a recordar algunas cosas de lo que aprendió en aquellos cursos tan "inútiles".
-No, no podemos, porque eres un médico cabrón. El otro médico me violaba casi todas las semanas, y además se quería quedar con mi casa. Los hombres sois todos igual de hijoputas...
De pronto por las escaleras a la espalda de Víctor suena un estrépito y algo enorme cae escaleras abajo, Víctor vuelve la cabeza aterrado, justo a tiempo de apartarse. Un hombre ha caído rodando por las escaleras.
-¡Joder qué susto! -grita el celador -¿y éste quien es?
Un tipo de unos cuarenta años, esquelético, con barba de una semana y una camiseta llena de lamparones (estuve en Benidorm y me acordé de ti) se levanta y recoge con toda la dignidad del mundo un porro de marihuana que se le había caído durante el aterrizaje. Sus pupilas mióticas lo delatan. Está colocadísimo. Alejo Tálides en estado puro.
-Es el cerdo de mi novio. Quiero denunciarlo, doctor porque también me viola.
Víctor vuelve a recordar que en casos así, si empieza a razonar con la paciente, casi seguro que logrará convencerlo. Es su discurso, su paranoia, su vida.
-¡Oye, calla la boca zorra! -dice el hombre malencarado señalándola con el dedo - ¡estás loca! Y como no te lleven al manicomio el que te voy a matar voy a ser yo - Inmediatamente empieza a vomitar en el suelo.
-Dios mío, esto no me está pasando, esto no está pasando -piensa Víctor -esto es un sueño, tiene que serlo.
Entonces el Joven Médico de Familia se da cuenta de que, o se pone manos a la obra, o esto acabará realmente mal. Coge a Alejo del brazo y lo saca a la puerta.
-Oyeme, comotellames, coge la calle abajo y no vuelvas por aquí en un tiempo si no quieres que le diga a los civiles lo que acabas de decir. Andando!
Entra en la casa. La mujer lo mira con los ojos inyectados en dolor y rabia.
-¿Por qué ostias has echado a mi novio? -le grita.
Víctor la mira a los ojos. Entonces vueve a recordar aquellas tardes de cursos "ínservibles"... nunca mires a los ojos a un psicótico.
Mirando a Irene a la barbilla tal como le enseñaron le explica tranquilamente que tiene dos opciones, o se deja medicar, o tendrán que usar la fuerza. No hay alternativas. Ya no hay negociaciones.
-¡Y tu puta madre! -le grita mientras fuma sin parar.
Víctor lo sabe. Aunque su impulso es coger a Irene del cuello y estrangularla, no sería lo que se dice muy profesional...pum-pum, pum-pum!
El equipo médico sale a la calle. Víctor habla con Colombo, con Pepe Gotera y con Otilio. Y con el alcalde, que ya ha llegado y que por cierto es primo hermano de la Irene.
Los niños lloran en la calle. El llanto de un niño ante la injusticia es quizás una de las cosas más dolorosas sobre la Tierra. Irene los odia, su padre los ignora, su abuela los cuída. Su abuela carga con todo...
Cinco minutos más tarde inmovilizan a Irene entre los policías.
Una ampolla de Haloperidol y un Tranxilium 50. Víctor lo ha recordado, aún no sabe cómo.
Irene empieza a atontarse con una risa bobalicona, y poco a poco se sume en su sueño tóxico.
Cuatro de la tarde cincuenta minutos. La ambulancia vuelve de la unidad de agudos y deja al médico junto a la casa donde había aparcado su coche.
Calle principal de Cerdenilla de la Sierra, Seat Panda rojo y dos niños sentados en la acera. Víctor se acerca y se sienta junto a ellos.
-¿Médico, qué le pasa a nuestra mamá? Los niños del cole dicen que está loca.
El joven médico no tiene palabras. Les sonríe y les da un caramelo a cada uno...
-¿Me veis a mí, que soy el Médico del pueblo? -les dice
Ellos asienten limpiandose los mocos con la mano.
-Pues cuando era pequeño, en el cole los niños me decían que estaba tonto. Los niños del cole suelen decir muchas mentiras.
Los niños sonríen
-¿Tienes más caramelos?
-Mañana os traeré algunos más -les promete.
Víctor se levanta. Se da cuenta de que tiene la bata sucia. Cerdenilla de la Sierra, son las cinco de la tarde y tres minutos, veinticinco grados a la sombra. Dos niños sonríen pensando en los caramelos de mañana, Irene duerme, Alejo pide otra ginebra fiada, una anciana de negro dice adiós con un gesto triste y agradecido al médico de familia que se aleja con el maletín en una mano y un puñado de ilusiones en la otra. Le encanta su trabajo.
PS-1: ¡Vaya mañanita!
PS-2: Reitera su compromiso: jamás criticar a los Médicos de Primaria.

SEMANA DE PREMIOS

Bueno, realmente sé que no es muy elegante alardear de premios, pero la verdad, tampoco creo que sea demasiado malo.

Esta semana he ganado un concurso de relatos, cosa que no suele ser muy frecuente. El relato con el que gané fue el llamado Magdalena.

Por otra parte, me publicaron un artículo de opinión en una revista, la reviste e-ras:
Inmigrantes y nativos digitales ( http://www.opinionras.com/index.php?q=node/1044 ) Por cierto en la foto me sacan con cara de terrorista, pero en fin...

16 de Junio del 2009
Por Salvador Pendón Fernández. Autor del blog "Miles de piedras pequeñas"
Inmigrantes y nativos digitales
Estimado/a lector/a, me atrevo a hacerte una pregunta: ¿cuántos correos electrónicos has recibido y enviado en la última semana? Seguramente diréis ¿miles, cientos, decenas…?
Se estima que un joven de menos de 16 años recibe una media de 2-3 correos electrónicos a la semana, y posiblemente en unos años se trate de un instrumento de comunicación obsoleto.
Los que hoy tenemos más de 25 años debemos asumir este fenómeno: siempre seremos inmigrantes del mundo digital, ya hablemos de web 2.0, 3.0 o sucesivas. Igual que el inmigrante que tras treinta años mantiene su acento natal, siempre nos será difícil seguir el ritmo de cambio de la red.
El concepto de Internet como fuente exclusivamente de datos más o menos exactos y mail ha quedado atrás.
La web 2.0 es una forma nueva de trabajar, en la que son los propios internautas los que van configurando esa enorme net, y este fenómeno está cambiando radicalmente nuestra forma de trabajar en la red con la interactividad global, determinada por una serie de nuevas herramientas virtuales:
-Las redes sociales, chats y entornos virtuales como Second Life no son ya un entretenimiento para adolescentes, son una verdadera forma de vivir en conexión, de intercambiar información pública y privada, de hacer negocios y de trabajar.
-El trabajo on line, con entornos tipo Wiki, o el trabajo con firma electrónica hace que trabajar con personas e instituciones lejanas a nosotros pueda ser ágil.
-Los blogs como herramienta de comunicación e interacción, en la cual millones de personas vuelcan sus experiencias vitales y profesionales compartiéndolas con el resto del mundo están determinando una nueva forma de compartir.
En mi opinión, todos estos fenómenos están configurando una nueva forma de funcionar en la mente de los más jóvenes, y ellos serán los futuros usuarios del sistema sanitario a la vez que nuestros compañeros en muchos casos.
-Una nueva generación con capacidades nuevas como la realización simultánea de tareas, necesidad y capacidad de vivir continuamente conectados a la red mediante dispositivos portátiles, tener múltiples personalidades en caso de necesidad u ocio.

-Personas que no entenderán que sea necesario esperar para acceder a la información o a los servicios. En definitiva estamos asistiendo a una desaparición progresiva de los límites virtual/real.
Estos fenómenos, determinados sin duda por la web 2.0 y sucesoras, hará que la sociedad demande nuevos profesionales en la medicina:
-Nos encontraremos pacientes altamente informados, en muchas ocasiones con más conocimientos acerca de su enfermedad incluso que su médico, que demandarán la capacidad poder incluso gestionar su enfermedad de forma semiautónoma (posiblemente tendremos diabéticos, pacientes anticoagulados y otros pacientes crónicos con un nivel de información incluso superior al nuestro para gestionar su patología, y hemos de ser conscientes de ello).
-Demanda por parte del paciente de poder acceder a la comunicación online con su médico.
-La telemedicina se impondrá como forma rutinaria en la gestión de la consulta diaria.
-Existencia de doctores online y segunda opinión médica online, fenómeno que ya está emergiendo en otros países.
-Demanda por parte del usuario de horarios más flexibles en la atención.
-Historias clínicas online que dejarán desfasadas las costosas y poco operativas historias digitales que hoy están desarrollando los sistemas sanitarios públicos de forma parcial.
-Perfeccionamiento en la formas de trabajo en equipos virtuales, congresos y formación online y grupos de trabajo salvando amenazas como la falta de contacto cara a cara.
Y lo más importante: Nuevos retos y cambios que ni siquiera somos capaces de imaginar.
Es por ello que me gustaría dar un consejo a los que hoy nos enfrentamos a los próximos treinta años de medicina en España: debemos asumir que los integrantes de nuestra generación y previas siempre seremos inmigrantes digitales, y como tales deberemos estar alertas a unos cambios, a veces demasiado rápidos para nosotros, pero así se mueve el organismo vivo en el que nos movemos: la sociedad.

domingo 21 de junio de 2009

SFUMATO

A veces hay cosas que haces en momentos de tu vida y se quedan aparcadas en un rincón de tu mente, en una esquina de tu recorrido vital. Yo las llamo notas al margen de la vida, letras pequeñas en tu libro vital. Son instantes, episodios, vivencias y experiencias que, quién sabe por qué, se van quedando en la orilla, olvidadas mientras vamos luchando en el día a día de nuestra existencia, viviendo nuevas cosas. Y así vamos dejando atrás sitios que visitamos, amores que amamos, personas que conocimos, emociones que sentimos, pasiones que deseamos. Y aquél sentimiento que un día ocupaba el cien por cien de nuestra mente se va alejando. Vamos difuminándolo como hizo Da Vinci con su Gioconda (por otro lado, cuando la ví en el Louvre me desilusionó bastante), vamos superponiendo capas de pintura hasta olvidar.
Pero hay algo curioso: Por más olvidados que tengamos los sentimientos, arrojados a las playas del olvido más lejano, existen resortes que, en décimas de segundo, nos traen la vivencia al presente. Un olor, una música, un sonido, una voz, unos ojos, una luz, un sueño, y vuelven todos y cada uno de esos sentimientos con todos sus matices, sus colores, sus olores...y sus dolores. La canción que oyes de Suzanne Vega (si tienes altavoces) es uno de esos resortes para mí...
Los que escribimos tenemos cierta ventaja: usamos la escritura como bisturí. Con ella diseccionamos y analizamos nuestras pasiones, con ella compartimos y también con ella nos conocemos a nosotros mismos.
Escribo desde que tengo recuerdos. En mi infancia incluso llegué a escribir una mini-novela de misterio y un relato sobre la vuelta al mundo de un aventuero en busca de unas flores misteriosas para convertir en humana a una sirena de la que se había enamorado.
Más tarde, ya de adolescente, seguía escribiendo por puro placer (también gané algún concurso de relatos en el instituto). Conservo mi Olivetti Lettera 42 de teclas blancas y letras en negro. Le faltaban las letras a y p. Con mi primer sueldo, dando clases de verano a niños con asignaturas pendientes (o eso creía yo, realmente se trataba de ser una especie de vigilante de niños que saltaban por las mesas, me escupían y constantemente huían de clase), gané veintiséis mil pesetas y las invertí íntegramente en comprarme una máquina de escribir nueva. Olivetti Eléctric Max Power, tenía dos tipos diferentes de letra, y además un típex automático. Con ella pasaba tardes enteras "pasando a máquina" todos mis escritos.
Hasta que llegó la medicina. Con la facultad, las clases, las salidas y entradas... la nueva Olivetti pasó al desván dando paso al ordenador, los poemas fueron cambiados por apuntes, las historias en papel quedaron en un cajón. Y poco a poco mi vida fue cargándose de nuevas capas de pintura, aquellas vivencias quedaron bajo la arena, se esfumaron de mi mente y Salva siguió viviendo nuevas aventurillas...hasta hace unos días.
Supongo que a todos nos pasa. A veces me digo: voy a ponerme a tirar cosas inservibles. Entonces empiezo a abrir cajas polvorientas de cartón. Descubro la metralleta que me regaló mi tío hace mil años, aquella que era la única del barrio que hacía ratatá (eso lo hacían todas), pero la mía además de ratatá hacía fiuuuu! y lanzaba un destello luminoso con lo cual me dejaba a los otros niños patitiesos. No puedo tirarla a la basura. Ni mi colección de cromos, ni mis notas del cole, ni mis libretas de colegial. Ni una especie de cucharita de plástico que me regaló una chica cuya cara ni siquiera recuerdo y con la que me reía por ser la persona que más rebañaba una tarrina de helado. Está científcamente comprobado que aunque la apures mil veces, siempre queda una rendija de la tarrina con algo de helado.
Finalmente siempre acabo releyendo mis cuadernos escolares y guardándolo todo después de haber comprobado que la metralleta sigue funcionando correctamente... ratatá-fiuuuu.
Hace unos días, dediqué nuevamente una mañana a revolver papelajos. Me fijé en una caja que hacía años que no abría. Y debajo de unos libros de Naturaleza y Sociedad...dentro de una carpeta amarilla, tal y como los abandoné hace años, ¡estaban mis relatos!. Cogí la carpeta con una mezcla de veneración, miedo e ilusión y al abrirla tuve la sensación de que volvía a ser aquel chico de quince años que, sentado en la alfombra de su dormitorio, escribía sólo porque le gustaba.
Me pasé toda una mañana leyendo. Me redescubrí en mi adolescencia y me dí cuenta de que algunas cosas no han cambiado. Finalmente me senté en el suelo frío y húmedo para pensar. Entonces me sentí orgulloso de haber sido aquel chico tímido, y quizás no muy convencional, de quince años que escribía poemas por las noches y luego los pasaba a máquina en su Olivetti Lettera 42. A él, que era yo, está dedicado este post.
Voy a poner dos de los poemas, ambos escritos hace mucho, mucho tiempo.


PENSAMIENTOS NOCHE DE VERANO

Medianoche, silencio
alguien anda por la calle
¿o son mis pensamientos?

Un lejano quejido se oye
en el sonoro silencio
un sonoro quejido
¿o son mis pensamientos?

Un gato negro en la noche
cruza mi ventana riendo
la noche como un gato negro
¿o son mis pensamientos?

TÚ (NOCHES DE DISCOTECA)
Ansias de volar
deseos de tenerte
y luego...
dejarme morir

Dejarme llevar por tu voz
mirarte
y ver tu danza ritual
y mirar al cielo mientras todo se hunde.

Gritar, romper mi garganta
Y escapar contigo...