jueves 12 de noviembre de 2009

VIDAS CRUZADAS, Y VIDAS TRABADAS.

Nunca supo cómo decirle que la amaba. Desde la primera mañana en que la vio supo que su destino estaba total y completamente en manos aquella mujer de ojos negros.
No era sólo esa forma de caminar tan desenvuelta, su mirada sincera o su risa blanca. Era todo. Cada movimiento, cada gesto cada mirada, cada conversación a la hora del café, le provocaban esos sentimientos contrapuestos de las pasiones totales: atracción a la vez que dolor inmenso por lo inalcanzable.
Pero sabía que no podía ser.
Nunca supo si el ascensor de veintidós plantas del Boston Memorial Hospital era extraordinariamente rápido o si el tiempo volaba cuando compartían viaje a las alturas de aquel inmenso (y) complejo mundo que era el Memorial. Tampoco supo la causa de que cada mañana se cruzaran en varias ocasiones. Pero cada día se cruzaban a la misma hora en el mismo el ascensor de la cara Norte, el que conducía desde los aparcamientos al corazón del Memorial.
Sabía que su nombre era Claudia y que su apellido era algo así como Malosi o Caloni, un apellido italiano.
Alguna mañana cruzaban un comentario acerca del tiempo, de lo malo que estaba el café de la máquina, o del último programa del Show de Phill Anskett. Simplemente esos quince segundos (se fundían las miradas) de conversación le alegraban toda la mañana. El inglés de Claudia era deplorable, pero encantador.
Alguna vez leyó algo así como que la gente de sangre latina tenían esa forma de mirar, así es que trataba de no darle importancia. Pero no podía evitar la sensación de que Claudia le quería decir algo más con aquellos eternos ojos negros.
¿Sería muy atrevido invitarla a salir? ¿a tomar una copa? Llevaba más de diez años trabajando en el Memorial. Tenía una reputación, una familia, dos hijos. No podía tirarlo todo por la borda. Además aquello sería imposible. Realmente no hubiera dudado ni un segundo en dejarlo todo si supiera que tenía la más minima oportunidad...
Un día de Octubre se armó de valor. Bajó a la planta diecisiete y preguntó por Caludia, pero no supieron darle referencias. Finalmente encontró a alguien que le supo ayudar. Al parecer era una cirujana venida de Italia que estaba realizando una estancia formativa. Su nombre real era Claudia Marini, y partiría hacia su país el 2 de Noviembre.
El 2 de Noviembre de 2009 fue uno de los días con peor tráfico en la historia de Boston. A la lluvia torrencial se añadió un accidente en la Autopista J36, justo la que conduce al Memorial.
8.30 de la mañana: Llamada desde su Audi A3 al Hospital diciendo que se retrasaría y dando alguna excusa banal.
9.15 de la mañana: Ha tomado una decisión. Hoy hablaría con Claudia. Se la iba a jugar a una carta.
11.55 de la mañana: Aparca el coche en doble fila, ya es casi media mañana y no podía esperar la inmensa cola de vehículos que esperaban para entrar a los aparcamientos. La grúa se lo llevaría y con cien dólares,todo solucionado.
12.15 de la mañana: Entra a toda prisa en el Memorial. Sube al ascensor Este, el de la entrada principal. Pulsa el botón diecisiete.

Nunca supo cómo decirle que la amaba. Desde la primera mañana en que la vio supo que su destino estaba total y completamente en manos aquella mujer de ojos azules.
No era sólo esa forma de hablar, su mirada azul amortiguada por unas sofisticadas gafas de Prada, su sonrisa tímida. Era todo. Cada movimiento, cada gesto cada mirada, cada conversación a la hora del café, le provocaban esos sentimientos contrapuestos de las pasiones totales: atracción a la vez que dolor inmenso por lo inalcanzable.
Pero sabía que no podía ser.
Sabía que su nombre era Helen y que su apellido era Schneider.
Llevaba apenas dos meses trabajando en el Memorial Boston Hospital, y había hecho pocos amigos. Pero sin duda el mejor momento de la mañana lo tenia cada vez que subía a las alturas en el ultramoderno ascensor y se cruzaba con aquella mirada impresionante de Helen. Se las arregló para conocer los horarios de aquella secretaria de dirección de la planta veintiuno, la planta noble; y siempre lograba coincidir en la máquina del café . A veces se cruzaban una profunda mirada de apenas quince segundos, en los que Claudia trataba de decir con los ojos lo que no se atrevía a decir con palabras (...se fundían las miradas) o con gestos.
Alguna vez alguien le dijo que la gente de sangre germana tiene esa mirada extraña, como interrogante, pero que eso nada significaba. Sin embargo no podía evitar la sensación de que Helen le quería decir algo más con aquellos eternos ojos azules.
Cientos de veces estuvo tentada de invitarla a tomar algo. Absurdo. Una chica italiana, que apenas llevaba unos meses en ese país extrañamente puritano y liberal a la vez, no debía meterse en líos. Además estaba Gianpa. En Palermo la esperaba Gian Paolo, con el que se había casado apenas un año antes. Tenía una reputación, y no podía echarla por la borda. Un escándalo así provocaría que le suspendieran la beca. Además aquello sería imposible. Aunque en realidad no hubiera dudado ni un segundo en dejarlo todo si supiera que tenía la más minima oportunidad...
Día 2 de Noviembre.
8.30 de la mañana: Claudia Marini recoge sus pertenencias. Hoy no se ha cruzado con Helen. Lástima. Su último día de trabajo lo emplea en despedirse de los pocos amigos que ha hecho y firmar algunos papeles.
11.55 de la mañana: Claudia sube al ascensor de la cara Norte. Su último viaje. Destino sótano 4. Sin saber por qué, en lugar de pulsar el menos cuatro, Claudia pulsa el veintiuno. Acaba de tomar una decisión.
Sale del ascensor y recorre el gélido pasillo de la planta de dirección. Lo ha memorizado todo...oye cómo sus pasos van marcando su destino...clap, clap.
Las puertas se suceden a derecha e izquierda...quince, trece...
La mente de Claudia se nubla. Puerta nueve, puerta siete...toc toc!
La cirujana de ojos negros empuja la puerta...
-¿Es el despacho de Helen Scheneider? -ahora el mundo gira en un torbellino loco.
-Sí, pero hoy no está, el niño tuvo fiebre anoche -dice una correcta secretaria señalando la mesa de Helen. Junto a la pantalla del ordenador, la foto de Helen, Peter y los dos niños junto al Pato Donald. Navidades 2007. Disneyworld.
Claudia se da cuenta. Ha estado a punto de cometer un error fatal.
Gira sobre sus talones, recorre de nuevo el pasillo,
12.15 de la mañana: Claudia entra al ascensor de la cara Norte y pulsa. Planta menos 4.
A menos de cien metros Helen, cuyo corazón bombea a un ritmo casi atronador, sube en el ascensor de la cara Este.
Nunca más volverán a cruzarse. Nunca.

sábado 7 de noviembre de 2009

Miles de Piedras: El Libro



Amigos y amigas, porque así os considero a todos los que de una u otra forma me habéis acompañado en este último año, estos son los datos:
-Treinta mil visitas en algo más de un año.
-Cientos de comentarios vuestros dándole la sal definitiva a los posts.
-Visitas desde México (532), Portugal (421), Colombia (410) , Argentina (392), Chile (256), Perú (210), Estados Unidos (198), Venezuela (168),y así progresivamente visitantes desde Ecuador, Francia, Reino Unido, República Dominicana, Bolivia, Alemania, Canadá, Costa Rica, Brasil, Uruguay, Italia, Noruega (imagino que será mi amigo Rafa), Guatemala, El Salvador, Puerto Rico, Bélgica (Gracias a Dimitri y Natalia ), Panamá, República Checa, Paraguay, Holanda, Grecia, Suecia, Suiza, Polonia, Honduras, Finlandia, Turquía, Israel, Rusia, Austria, Australia (vale, fueron sólo 13 visitas de Australia, pero duraron casi una hora), India, Rumanía, Cuba, Marruecos, China, Nueva Zelanda, Irlanda, Eslovenia, Nicaragua, Aruba (ignoraba la existencia de este país), Croacia, Hungría, Dinamarca, Macedonia (¿cómo se puede llamar Macedonia un país? Es como si España se llamara Tutti Frutti), Tunez, Japón , Bulgaria, Ucrania, Emiratos Árabes Unidos (flipé el día que me visitaron de allí) y Antillas Holandesas (vale, sólo una visita desde este curioso país).
-Algún reconocimiento en forma de premio, publicaciones sueltas o citas. Un premio de relatos cortos y un reconocimiento como uno de los veinte mejores blogs sanitarios del país (el caso es que no creo que éste sea un blog sanitario, pero en fin) Hace unos días me decían que si pones "dolantina" en Google parace este blog en cuarto lugar, con un post dedicado a las enfermeras de oncología. Curioso.
-Alguna amenaza en forma de mensajes electrónicos en el que unos personajillos me calificaban Hijo Puta en uno de ellos y de Maricona en el otro (bueno eso será motivo de otro suculento post).
-Muchas emociones puestas en juego y sobre la mesa. Muchos sentimientos en negro sobre blanco, y muchos agradecimientos a quienes me ayudasteis en este camino.
En estos días, por fin, sale publicado un libro. Como diría la publicidad: Miles de Piedras Pequeñas: El Libro. Para 2011 Miles de Piedras Pequeñas: La película, jejeje...
La distriución va a ser complicada como no podía ser de otra manera, pero pretendo que todos los que tengáis interés en adquirir un ejemplar lo podáis tener (o sea comprar). Para ello vais a tener dos vías (lo siento pero en El Corte Inglés o fnac aún no está):
1.-Personalmente: Me lo pedís y simplemente os lo llevo en mano. Me lo podéis pedir en persona o a través de mail: megasalva@hotmail.com . Pienso llevarme un lote limitado al próximo congreso semFYC Barcelona, así es que ya podéis ir pidiendo. Esta opción es más barata pues te ahorras gastos de envío, además te lo dedico, cosa harto interesante, jejeje.
2.-Librería online: Actualmente lo podéis adquirir a través de Bubok, en formato papel o electrónico en la siguiente dirección http://www.bubok.es/libro/detalles/16712/Miles-de-Piedras-Pequenas Si optas por la opción papel, elige la forma economy de envío postal, es más barata.
Como podréis comprobar, algunos post han desaparecido del blog. Es porque han pasado al libro, que consta en total de más de 80 relatos e historias que creo merecen la pena.
Por último, quiero agradeceros a todos los que me habéis ayudado a hacer realidad este proyecto, haciendo realidad uno de mis sueños.

martes 3 de noviembre de 2009

DESEOS...Y FANTASÍAS

Después de muchos años buscando, Maika a sus 42 años tenía muy claro que conocía el alma humana; que sabía cuáles eran los resortes de los sentimientos, de las ilusiones y los traumas.
Ya en la adolescencia decidió que lo que más le fascinaba en la vida era el conocimiento de las personas, de sus fantasías y de sus miedos. De sus ilusiones y deseos. Por ello estudió Filosofía, viajó a los confines del mundo en busca del conocimiento de otras culturas y otras realidades, de otras formas de vivir y de sentir. Había publicado dos libros, uno acerca de la psicología del crecimiento y otro sesudo volumen acerca de fantasías y sueños en las culturas orientales.
Su trabajo consistía en dar clases en la facultad de Psicología además de impartir múltiples conferencias por todo el país.
Había leído a todos los maestros de la Filosofía y la Psicología clínica. Los tratados de Psiquiatría solían ser su libro de cabecera en las noches de frío, y había llegado a entrevistarse con cientos, miles de personas, tanto enfermas como sanas, en busca del conocimiento.

Sin duda Maika había conseguido lo que se había propuesto: conocer la mente humana. Hasta tal punto llegó su interés que pasó todo el invierno de 2005 en uno de los mejores hospitales del mundo, el Hospital Monte Sinaí, donde junto a los mejores neurólogos y con ayuda de la más avanzada tecnología descubrió los mecanismos biológicos y fisiológicos de nuestro cerebro.

Satisfecha y contenta, Maika podía presumir de conocer todo lo que se podía conocer entorno a lo que ella denominaba la fábrica de sentimientos, el cerebro.

Este fin de semana lo tuvo libre gracias a un puente con motivo de la festividad de todos los Santos. Estos españoles siempre estaban buscando un hueco para hacer fiestas. Después de meditarlo largamente decidió dejar los libros y pasar unos días junto a su hermana Claudia y sus sobrinos Pablo y Alya de seis y ocho años respectivamente

El fin de semana pasó como otro cualquiera en casa de su hermana, en la que ella siempre sería la tía Maika, la seria, formal y modosita tía Maika, aquella que los miraba escondida tras sus gafas de pasta roja.

El sábado se acostó temprano, tal y como era su costumbre. Los niños se acostaron más tarde tras haber recorrido las calles con sus disfraces de zombies en busca de caramelos.

Maika no podía dormir, así que decidió espiar la conversación de los dos niños. Oír conversaciones ajenas, esa gran pasión...

-Pablo, ¿tú crees que es posible? -pregunta la niña a su hermano.

-Casi seguro que sí -responde Pablo.

-Eso sería perfecto. Sería la mejor cosa que puede suceder en el mundo mundial. Ojalá suceda.

-Ojalá...

Posteriormente la conversación derivó hacia la posibilidad de matar un vampiro con una estaca de madera o la causa de que fueran alérgicos al ajo. Maika se durmió con una sonrisa en la boca.

La mañana siguiente Maika no pudo aguantar su curiosidad.

-Alya, anoche oí que pedías un deseo a tu hermano -preguntó Maika.

-Sí. Es mi mayor deseo.

-¿Y cual es? -entonces Maika piensa en sus deseos, deseos de Bien para sí y para el prójimo, deseos de paz mundial, de que acaben las guerras o de que no haya hambre en el Mundo. Deseos de encontrar el amor, de tener trabajo, de tener dinero y salud. Deseos de ser buena persona, de ser querida y de ser valorada. Pensó en sus deseos de estar junto a su familia o de no perder a sus seres queridos.

-Mi deseo es que las calles sean de chocolate, que lluevan caramelos. Tener una varita mágica para poder congelar a todo el mundo. Ah y también tener un caballo con alas para ir volando al cole. Que la navidad dure más tiempo, que siempre sea verano y que la semana tenga dos sábados y dos domingos.

Entonces Maika se da cuenta de que aún le queda muchísimo por conocer del alma humana y de su funcionamiento, y piensa que el mundo funcionaría mejor si en lugar de perfeccionar y sublimar nuestros deseos y fantasías, conserváramos alguno de aquellos deseos infantiles arrojados a una polvorienta caja de cartón junto a los cromos de Dartacán y los tres mosqueperros.

Maika piensa que quizás sea conveniente empezar a olvidar una parte de lo aprendido para volver a recuperar los deseos olvidados en el desván de su mente. En ese mismo instante se da cuenta de que ha llegado la hora de desandar el camino si realmente quería conocer el alma humana.

PS: Realmente sería genial despertarte una mañana y descubrir que las calles son de chocolate y turrón...

Escrito tras una noche de trucos y tratos.

viernes 30 de octubre de 2009

VICIO Y OFICIO

El concepto de culpa: la Culpa. En mi opinión es uno de los inventos más perversos, desagradables, inútiles y tóxicos que hemos heredado en nuestra educación privilegiadamente occidental católica-apostólica-romana.
Existen culturas en las que este sentimiento no existe, pero las grandes religiones monoteístas han hecho de esta sensación casi el eje de su forma de actuar y convencer.
La base de la culpa en mi opinión es verdaderamente maquiavélica: Si no cumples con determinados preceptos (diseñados por un grupo de Iluminados), serás castigado, ya sea aquí en vida, o en el Más Allá. Por ello el simple hecho de incumplir hace que te sientas culpable, pues anticipas el castigo. Para más inri nuestra sagrada religión (queramos o no nos han educado en la moral cristiana) nos dice muy clarito cuando debemos tener este sentimiento terrible y culposo: cuando pecamos. El Pecado, que consiste en infringir las leyes de Dios, nos llevará a la Culpa y al Castigo.
¿Y cuando pecamos? ¿sólo pecamos cuando hacemos el mal? ¿sólo pecamos si hacemos daño al prójimo?. Nooo, eso sería demasiado fácil!
Pecamos cuando incumplimos las leyes que nos han marcado a fuego desde la infancia: Lujuria (instinto carnal, derecho a disfrutar el sexo), Gula (instinto oral, derecho a alimentarnos), Avaricia (instinto de propiedad, derecho a querer lo que es nuestro) , Pereza (instinto corporal, derecho al descanso), Ira(instinto animal, derecho a enfadarnos si algo nos ofende), Envidia (instinto un poco hijoputilla) y Soberbia ( derecho a autovalorarnos) son los siete pecados capitales, los siete Vicios que nos han marcado como Lo TABÚ. Queramos o no queramos, casi siempre que realizamos alguno de estos pecados, sentiremos Culpa, pues eso mamamos desde la infancia, sobre todo si no hemos sido capaces de reconocerlo. Vale, ya sé que tú que me lees dirás que no, que tú estás por encima de ello. Quizás te engañas, pues somos hijos de lo que hemos aprendido. Un ejemplo: ¿serías capaz de salir desnuda/o a la calle sin ningún pudor?
Queda una solución, que nos ofrecen los Iluminados: A los practicantes (que no a los enfermeros) les queda la confesión, el propósito de enmienda, y el rezo de varios padrenuestros para hacer borrón y cuenta nueva.
El resto de la humanidad, se queda con varias opciones:
1.-Te vuelves neurótico al percibir unos sentimientos desagradables ante actos agradables como puede ser la gula, o la lujuria (que debería más bien considerarse virtud (bueno eso ya son opiniones muy personales).
2.-Asumes irás al infierno por vicioso y pasas de todo.
3.-Te decides a seguir otras normas morales, renuncias a credos y te decides a vivir intentando no dañar, y conviviendo con la Culpa o el Remordimiento como mejor puedas.
Desde estas líneas me confesaré, ya que no soy asiduo a otro tipo de confesionarios como bastante amante de los placeres terrenales, tales como la gula, me confieso ciertamente perezoso; por no hablar de la lujuria, que sería motivo de otro post. También un poco avaro o envidioso según los días, e iracundo cuando me levanto de la siesta.
Y tú te preguntarás...¿y por qué Salva suelta todo este tremendo rollo a los cuatro vientos?
Simplemente porque me molesta sentir una sensación de Culpa en determinados momentos en los que, sin hacer daño a nadie, te limitas a ser Feliz.

lunes 26 de octubre de 2009

VIOLETE

Érase una vez una niña. La llamaremos Violete aunque no fuera ese su nombre, pues es un nombre bonito, que suena a rosas y jardines parisinos. Violete vivía con su padre, camionero de profesión. No llegó a conocer a su madre, que murió poco después del nacimiento de Violete. Llamaremos Celine a la madre, pues es un nombre que suena a tardes de chocolate con galletas, y no contaremos que huyó con su jefe en una fría mañana de febrero mientras Violete soñaba en ese limbo mágico de la primera infancia.
Violete no tuvo más hermanos, pero el día de su séptimo cumpleaños su padre (de nombre le pondremos Theodor, pues suena a hombre bueno tal y como era Theo) le regaló un precioso perro, un cachorro de golden retriever.
-Mira Violete, este perro es como el del anuncio que tanto de gusta –le dijo Theo observando los ojos de la niña, cada movimientos de su cara, cada gesto.
-¡Qué chulo, un perrito! –Violete saltaba sobre los muelles de su cama haciendo peligrar el ajado somier.
A partir de ese día Violete y Lula, pues finalmente resultó ser perrita, únicamente se separaban para ir al cole. Theo casi siempre estaba viajando, así es que ellas iban juntas a pasear, juntas al parque, y los fines de semana salían con Theo al centro comercial y al zoo.
-Papá, guárdale un trozo de hamburguesa a Lula, porfa. No me importa darle un trozo de la mía.
-Violete, ya te he dicho un millón de veces que los perros no comen hamburguesas del Mc Donalds, venga no insistas.
-Porfa, porfa, porfa.
-Bueno, deja un trozo, que yo se lo daré luego cuando lleguemos a casa –mentía Theo, que arrojaba el trocito de carne a la basura en cuando Violete se dormía camino de casa.
Para Lula era el último beso de cada noche, y el primero de cada mañana. Conforme pasaron los meses Violete fue creciendo, y a Lula contaba sus problemas en el cole, junto a ella estudiaba, sobre su pelo lloró la primera vez que suspendió de manera injusta y a la gran oreja de Lula contó que odiaba a Samara, la niña repelente de pelos rizados y ojos azules que le dijo que ella era Violete la chiflada.
Una mañana de Diciembre, cuando estaba cercana la Navidad y Violete acababa de cumplir los diez años, al levantarse de su cama descubrió que Lula no estaba.
Violete inicialmente no le dio importancia, la llamó pensando que se habría escondido. Pero Lula no acudió. La buscó sin cesar por toda la casa, pero Lula no aparecía. Juana, la chica que se encargaba de darle el desayuno y llevarla al cole le dijo que ella no la había visto. Y Violete se fue triste como jamás había estado, aunque con la seguridad de que Lula aparecería. Ya había ocurrido antes, y siempre aparecía.
Esta vez no fue así. Al volver del cole la niña arrojó su mochila junto a la entrada y corrió a su dormitorio. Lula no estaba. La llamó, la buscó en todos los huecos, en todos los recovecos de la casa. Nada.
Esa misma noche, al volver a casa, Theo le explicó a su hija que posiblemente Lula no volvería.
Y Violete lloró. Y Violete gritó a su padre que la vida era injusta con ella. Que le había quitado a su madre, que no tenía hermanos y que ahora le quitaba a Lula.
-Te comparé otro perro, princesa…
-¡No quiero "otro" perro, quiero a Mi Lula!
-No puede ser, no puede ser cariño –Theo se acababa dar cuenta de su error, pero no había marcha atrás.
Esa noche Violete gritó hasta que Theo se enfadó, por primera vez en años, y le ordenó callar y dormir.
Esa noche fue triste para Violete, y esas Navidades fueron las más tristes de su vida. Esa noche Theo mordió su almohada para evitar que su hija oyera sus sollozos; pero no había marcha atrás.
Violete creció. Pasaron meses, pasaron años, y el dolor se fue haciendo cada día más leve, más llevadero, más lejano. Aunque Violete jamás pudo olvidarse de Lula, su perrita de pelos blancos. Hasta que llegó la adolescencia, y la tormenta vital, junto a la premura de los primeros amores, hizo que aquella Navidad de 1991 quedara en una anécdota que Violete solía recordar con nostalgia.
Theo murió en Noviembre de 2008, cuando Violete tenía veintiocho, años en una de esas mañanas absurdas de hielo y bruma. Un frenazo a destiempo acabó con su vida y la de tres jóvenes que estaban en el lugar erróneo y el momento equivocado.
Violete en ese tiempo había acabado la carrera y vivía con Andreas, un joven enfermero al que adoraba.
La muerte de Theo fue como si arrancaran una parte de su cuerpo. Aquel camionero de cuerpo rudo y barriga enorme era el ser más adorable que jamás conoció. Sabía que Andreas la amaba, pero sabía que Theo hubiera dado todo por ella sin dudarlo un segundo.
Y si triste fue la muerte del camionero, más triste fue su entierro. Una mañana de Noviembre, un cementerio del sur de Francia cubierto por la nieve. Un cura arrastra su sotana sobre la escarcha, el sepulturero acaba su enésimo cigarrillo y cuatro personas trasladan el pesado féretro hasta la tumba. Son sus cuatro compañeros de trabajo. Junto a Violete, la tía Valerie, hermana de Theo, Andreas…y un hombre desconocido por todos.
Es un hombre de unos sesenta años, la edad de Theo, aunque él es delgado, de nariz afilada y pelo plateado. Le falta la mano derecha, y cojea levemente de la pierna derecha.
Al acabar la monótona letanía del cura, se acerca a la pareja de novios.
-¿Tu eres Violete? –la mira fijamente. Los ojos de Germain, pues así llamaremos al hombre del pelo gris, son de un azul intenso.
-Sí, soy Violete, ¿y usted como lo sabe? –ella nota cómo tiembla el labio inferior del desconocido.
-Imaginé que vendrías. Creo que deberías acompañarme, tengo algo que quizás te interese, seguidme.
Mientras caminan hasta el vehículo de Germain, les va contando una historia.
-Theodor y yo somos amigos desde la infancia. En Junio de 1981 mi mujer, sufrió un accidente en la fábrica de carnes donde trabajábamos... Intenté salvarla, pero no pude. Debieron amputarme esta mano y casi pierdo la pierna. No estábamos asegurados, eran otros tiempos. Lo perdimos todo. Todo…Estuve once meses ingresado y jamás olvidare una mañana de diciembre. Llegó Theo y simplemente me dijo algo que jamás olvidaré. Me había ayudado económicamente cuanto pudo, pero no podía más porque apenas llegabais a fin de mes, pero me entregó algo. Me dijo que en su casa ya había cumplido su función, que quería que la cumpliera en la mía –entonces el hombre de pelo blanco grita algo… -¡Ninette, ven tráenos la caja!
Del vehículo sale una joven de apenas treinta años, porta una caja de cartón. Con lentitud se acerca a Violete.
-¿Tú eres Violete?
-Sí.
-Toma, salvó mi infancia, pero te pertenece a ti. Gracias.
Violete abre la caja. Allí está su viejo peluche del pelo blanco. Pone la caja en el suelo, se arrodilla y coge a Su Lula, la que recibía el último beso de cada noche, y el primero de cada mañana, a la que contaba sus problemas en el cole, junto a la que estudiaba, sobre cuyo pelo lloró la primera vez que suspendió y a cuya oreja que odiaba a Samara, la niña repelente de pelos rizados y ojos azules que le dijo que ella era Violete la chiflada, con la que iba a pasear, con la que compartía los fines de semana de centro comercial, zoo y Mc Donalds, junto a Theo. Junto a un Theo que nunca volvería.
Violete se sienta en el suelo y abraza a Lula. Entonces empieza a nevar…
Dedicado a Lula.

lunes 19 de octubre de 2009

AMIGOS DE VERDAD

Frase del mes:
"Yo, amigos de verdad, los puedo contar con los dedos de una mano" -decía una amiga hace unos días.
Es una frase que suelo oír de forma relativamente frecuente, y además con cierto orgullo por parte de quien la dice.
Otra frase manida y muy usada: "Es que los amigos de verdad son los que están en los momentos difíciles".
Son frases, conceptos que vamos aprendiendo y que se van integrando en nuestras neuronas hasta llegar a creernos que son frases inventadas por nosotros.
Y yo me pregunto: ¿es una suerte el tener pocos amigos pero buenos? (otras frase rácana y manipulada), ¿Es realmente necesario pasar un mal momento para valorar un amigo?
Si lo analizas , es bastante egoísta el considerar amigos o buenos amigos sólo a aquellos que te pueden ayudar cuando lo necesitas, o tú a ellos, en una especie de relación simbiótica como la concha y el cangrejo.
Estas frases, estos conceptos son frutos de la tacañería emocional y sentimental en la que vivimos.
Igual que hace algunos meses pedía besos, creía ( y creo) que es bueno besarse, tocarse o enamorarse sin miedo, hoy me niego a loar la pobreza intelectual del que renuncia a la amistad.
Yo tengo un concepto: Amigo mío (o amiga, claro), es aquella persona cos la que me siento a gusto, con la que comparto cosas. Amigo es aquel ser humano que te puede ofrecer su casa para quedarte a dormir, su hombro para llorar, su mirada para sonreír, o que simplemente te desea que seas feliz, personas con las que puedes compartir emociones y sentimientos (pasiones ya entramos en el cenagoso terreno de si es posible mezclar amor y amistad, pero eso es motivo de otro post)
Yo me siento orgulloso y contento de tener muchos, muchísimos amigos, de considerarlos como tal y de quererlos como tal, y creo que todos deberíamos tener amigos, y considerar la amistad como algo que nos enriquece, nos llena y nos expande en lugar de como un escaso y avaro bien que guardamos con celo bajo el colchón oxidado y mohoso.
A todos vosotros y vosotras, gracias por serlo.
He dicho.

sábado 10 de octubre de 2009

AMOR Y DOLOR...JODIDA MEZCLA

Ella era una de las enfermeras que pasaron por urgencias cuando apenas éramos erreunos. Una chica delgada y casi siempre con una sonrisa para aquellos jóvenes médicos recién acabados que no acababan de creerse que eso de Ser Médicos ya iba en serio.
Él, enfermero del hospital que conocieron a lo largo de las rotaciones. Uno más, quizás más alegre, quizás más dispuesto a ayudar.
Los jóvenes residentes, en esos primeros meses de trabajo apenas pudieron retener sus caras, ni siquiera sus nombres, sólamente lo justo para saludarse por los pasillos o sonreirse en el ascensor.
Y un día ambos desaparecieron de las urgencias. Y los jóvenes residentes siguieron en la larga trinchera sembrada de noches de dolor.
Algún día oí que una chica estaba mal. Había sido enfermera de urgencias, al igual que su marido.
-Pues no recuerdo -comentaba entre cafés y donuts.
-Sí hombre, una chica delgada, así morenita que casi siempre sonreía... -dice Lorena.
-Pues no caigo. Yo es que para las caras soy fatal. ¿Otro donut? -y la vida sigue.
Me dijeron sus nombres y creí recordar sus caras. Nada más...
Pero un hospital es como un pequeño pueblo, donde todos se terminan conociendo. Donde, de una u otra forma, se terminan compartiendo vidas ajenas y propias.
Pasaron meses, pasaron años y acabé la residencia, incluso empecé a trabajar como adjunto de urgencias.
De vez en cuando, junto al olivo de los cigarrillos o en las negras noches de cafés y risas, alguien recordaba que la situación de la chica no era buena, que la cosa estaba bien jodida. Siempre había un silencio. Unos segundos eternos, entonces unos aprovechaban para dar una larga calada, otros un sorbo de café, otros miraban al suelo. Al final alguien bromeaba acerca de un paciente latoso, y la vida seguía.
La vi hace apenas dos semanas. A pesar de la palidez y la extrema delgadez la recordé al instante como una de aquellas enfermeras que me ayudaron cuando empezaba, pero no me sentí con la fuerza ni con la confianza de saludarla. Hablaban con el cirujano apenas en un susurro. Minutos más tarde desfilaba por el largo pasillo por el cual jamás debería desfilar una chica de apenas treinta años y madre de dos niños. Él recibía los abrazos y besos de sus compañeros y marchaba tras ella
Pocos días más tarde dijeron que la cosa no tenía arreglo. Ese día la pausa bajo el olivo de los cigarrillos fue más larga. Nadie se atrevió a romperla.
Pero la vida siguió como sigue la vida en los hospitales, entre quejas por los usuarios a deshoras, jornadas de duro trabajo, discusiones o risas mezcladas...hasta hace apenas unos minutos.
Y en este mismo momento, a las cinco de la madrugada y seis minutos, con esa sensación de desasosiego que produce el saberse responsable de unas urgencias, con un cosquilleo en el estómago que te hace dudar entre el hambre y el miedo. Cuando pienso que me apetecería volver a fumar, descubro algo que me hiela la sangre.
Descubro que siempre, absolutamente siempre la realidad supera a la ficción. A lo largo de estos últimos doce meses he intentado describir el Dolor, el Amor y la Magia. Manolo y Esperanza vivieron el Amor, el Dolor y la Magia como salidos de uno de esos relatos imposibles...
-Salva, deja de inventarte historias
-Salva, aquí tienes material para un post.
-Salva, a ver si me dedicas algo.
-Salva ¿en serio piensas todo lo que dices?
-Salva, ¿eres Víctor Bárcenas?
Descubrir que todas las emociones del mundo han sido reflejadas en un blog, en el que aquel enfermero de mirada cálida y sonrisa amable ha desgranado miedos, esperanzas, inquietudes y llantos. Un diario del Amor y del Dolor, una bajada a los infiernos. Me invade una sensación de vértigo y de desgarro, al ver lo cerca que estamos de rozar el abismo.
Hacía tiempo que no sentía un nudo en la garganta como esta noche.
Jamás en mi vida leí unas verdades tan certeras,unos sentimientos tan fuertes, una injusticia tan grande:
Extracto 1
Hace ya más de dos años, le diagnosticaron a mi mujer un cancer de cuello de útero. Desde entonces, nada es igual. Momentos de dolor, de esperanza, momentos crueles y momentos maravillosos e inolvidables se mezclan y conforman desde ese día nuestra vida cotidiana.
Extracto 2:
Tengo miedo. A veces es un miedo sordo, contínuo; un compañero de viaje íntimo y desolador, del que no puedes escapar. A veces es un miedo agudo, inmediato, ansioso, que te aplasta y te consume.Al principio fue el miedo a la muerte de mi mujer, a la horfandad de mis hijos; luego, miedo al dolor y al sufrimiento innecesario, inútil. Miedo al dolor inmediato de las pruebas. Miedo a las secuelas, al avance del cáncer, miedo a la incertidumbre. Miedo a las recaídas, a las recidivas.Y ahora tengo miedo, un miedo tremendo a no estar a la altura, a no ser capaz de soportar la presión, a no poder adaptarme a los cambios; miedo a huir. A intentar escapar. Miedo de despertarme un día pensando que ésta no es mi vida; que no me la merezco...Que si ella no puede por qué yo no...El miedo se subió conmigo en el coche el primer día, y desde entonces me acompaña, más o menos visible, pero siempre presente. A veces es un miedo compartido, y a veces es un miedo en solitario, oculto, como una suerte de onanismo, involuntario, pero puntual y cierto.
Extracto 2: Se despidió de sus hijos, los besó por última vez con los ojos llenos de lágrimas, pero ocultandoles una vez más su dolor y su destino, y los dejó marchar. Se despidió de sus amigas, de sus compañeros y me dijo "...ya está todo el pescado vendido..."
De mí no se despidió; los dos sabíamos que no hacía falta... En estos tres últimos años nos hablamos y nos quisimos por toda una eternidad.
-...Y después de esto...¿qué queda?
-Nada
-Carpe Diem -me dijeron anoche.
-Quizás ni eso -respondí.
Un abrazo Compañero